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lunes, 26 de abril de 2010

diseñadores premiados

El jueves pasado terminó más una edición del concurso/ reality Project Runway. Esta vez, a pesar de toda la creatividad y detallismo demostrados por Emilio Sosa durante toda la séptima temporada, el dominicano no logró sorprender y perdió para su frenemy Seth Aaron Henderson (en la foto). Una derrota y una victoria muy justas que no hacen más que dejar al descubierto que en la moda nada está garantizado.

Por ejemplo, a lo largo de las temporadas pasadas de Project Runway yo me hice fan y defendí mentalmente a muchos diseñadores que se han quedado por el camino. Algunos de ellos, como Chris March, son actualmente buscados por divas del cine o de la música para vestirlas. Meryl Streep es una de las mecenas de Chris y este año, incluso, llevó una creación suya a la ceremonia de los Oscars.

Pero no apenas Chris March merece nuestra atención. Aunque la primera temporada la haya ganado un justo vencedor, me hubiera gustado ver al divertidísimo Austin Scarlett en Bryant Park. Pero quizás como diseñador, a pesar de su buen gusto y excentricidad, él no tenía madurez suficiente. Analizando las siguientes entregas tampoco termino de estar de acuerdo con algunas decisiones de los jueces. Ya sé, ya sé, ¿quién soy yo ante Nina Garcia, Michael Kors o Heidi Klum? Una simple bloggera; sin embargo creo que los tres han dejado pasar a varios talentos.

En la segunda temporada me encantaban las creaciones de Nick Verreos. De hecho hoy en día el diseñador es conocido por su blog de crítica de moda y por sus comentarios en distintos programas televisivos. A la final llegó otro de mis favoritos, Daniel Vosovic, pero la verdad es que se podía ver en las creaciones del joven trazos característicos de un proyecto de estudiante recién salido de la universidad y Heidi ha tenido que decirle “auf Wiedersehen".

En la tercera temporada, para gran pena mía, Keith Michael no supo hacer las cosas bien y fue expulsado del concurso. Cuando digo que no supo hacer las cosas bien no me refiero a lo que hacia en el maniquí sino a lo que hacia fuera del set. El concursante, uno de los favoritos para estar en el podium, infringió las reglas de la competición y llevó para el hotel algunos libros de patronaje. En el momento que Tim Gunn le confrontó dijo nunca haberlos utilizado, sin embargo su actitud de vencedor por anticipado pudo más que él y el hallazgo de los libros sólo fue la gota de agua. En esta edición no puedo dejar de recordar a la finalista Laura Bennett, una arquitecta con muy buen gusto y conocimientos de estructuración que casi casi ganó el gran premio.

En la temporada siguiente hubo pocas sorpresas. Christian Siriano fue el vencedor incontestable. Su juventud (era el más joven concursante de Project Runway hasta la fecha) y fresca creatividad lo conquistaron todo. Sin embargo, mi corazón se quedó con Jillian Lewis. Su amabilidad y sus creaciones románticas, que tenían como marca los pliegues impecablemente hechos, merecían algo más. La consagración llegó un poco más tarde cuando, en una prueba post-programa, la producción pidió a los concursantes que crearan tres looks para que fueran votados online y la diseñadora se reveló la favorita del publico.

Esta fue también la edición en la que Cris March participó y en que Jack Mackenroth tuvo que abandonar la competición por una infección en la cara relacionada con su SIDA. Su salida posibilitó que el protégé de Meryl Streep, eliminado en el desafío anterior, pudiera volver a la Parsons.

La quinta entrega terminó con apenas mujeres enseñando lo que valían en la semana de la moda de Nueva York. Y aunque Leanne Marshall haya salido vencedora, Kenley Collins se llevaba mi voto. La forma genial como ella usaba y abusaba del color contrastaba con la simplicidad de las creaciones de la otra diseñadora. Sin embargo los volantes de Leanne han podido más. La actitud de niña mimada tampoco ayudó a Kenley, que durante la apreciación final fue acusada por los jueces de inspirarse en otros diseñadores.

En la penúltima temporada también fue muy bien entregado el premio, a Irina Shabayeva. Sin embargo, han dejado escapar a promisorios artistas como Althea Harper, con su talento para el punto, a Carol Hannah Whitfield, un verdadero genio a la hora de crear bonitos vestidos de ceremonia, y a Ra'mon-Lawrence Coleman, un médico con sueños de diseñador y con algo de Hervé Leger en sus creaciones. Este último, en mi opinión, fue dispensado en una fase demasiado prematura de la competición. Una pena que los espectadores no hayamos podido ver un poco más de lo que podría llegar a crear.

El la temporada que terminó la semana pasada, la gran injusticia la han cometido con Jay Nicolas Sario. A pesar de que en su colección final haya presentado propuestas mucho más complejas e interesantes que las de su competidora directa, Mila Hermanovski, no logró convencer y perdió la oportunidad de pisar la pasarela de Bryant Park. Una concursante que también prometía mucho, pero que ha salido por su propio pie, desmotivada tras semanas sin ganar ningún desafío ni escuchar ninguna critica positiva de los jueces, ha sido Maya Luz.

Así se prueba que los “vencedores” en esta área dependen siempre de los ojos de quién mira.


domingo, 14 de marzo de 2010

modelos actrices

Hace exactamente una semana se entregaron los premios a las mejores actrices. No las más guapas, ¡las más talentosas! Y aunque algunas de las candidatas sean mujeres muy guapas, ambas cosas parecen no ir de la manos. Sino veamos el ejemplo de algunas modelos que se aventuraron en las lides del cine…  y ni siempre se salieron bien.

Una de las primeras películas de que me acuerdo con modelos, que ya lo eran antes de estrenarse como actrices, es Richie Rich. Un flop de taquilla protagonizado por Macaulay Culkin donde podíamos ver a Claudia Schiffer en el papel de su profesora de aeróbica. Una película hueca, que pretendía pasar un mensaje sobre los niños que se sienten solos a pesar de tenerlo todo pero que la única visibilidad que logró la debe a la participación de Claudia. La rubia del momento cobró un cachet ridículamente grande para la época y para los 10 minutos que aparecía en la pantalla (eso sí, salía en leggings y body, enseñando cuerpazo), generando con eso la mayoría de la publicidad que tuvo la película.

Estábamos en 1998 cuando estrenó la 27ª película de Woody Allen donde se podía ver a un aún casi desconocido Leonardo DiCaprio y a Charlize Theron, una modelo que empezaba a dar sus primeros pasos como actriz. A pesar de la poca importancia de esta cinta en el conjunto de la obra del directo newyorkino, la participación de Charlize se hizo notar y a partir de entonces la modelo empezó a tener más y más propuestas para representar.

Una aventura que, pensaba ella, era apenas una fuente más de ingresos fue tomando nuevas proporciones y hoy la actriz (logró apagar su pasado como modelo de la memoria de los espectadores y fans de cinema) puede enorgullecerse de tener en alguna estantería de su casa a una estatuilla dorada que la Academia le dio en 2003 por su desempeño en Monster.

Charlize es quizás el mejor (y único) ejemplo de una modelo que se transformó en una actriz de éxito. No muchas modelos pueden decir lo mismo. A pesar de haber sido varias las que probaron un carrera como actriz.

Las razones para tales intentos no están muy claras. No habrá sido seguramente por falta de dinero, ni de visibilidad. Entonces ¿por qué razón se aventuraron estas modelos en una profesión que no es la suya? Quizás por necesidad de saber que existe algo más que les garantice algunos ingresos después de terminado su tiempo como modelos. O quizás porque algún director ávido por publicidad fácil las arrastró para representar un papel en su película. Sean cuales sean las verdaderas razones, lo cierto es que a pesar de trabajaren con su cuerpo y rostro diariamente, de tener que saber exactamente como comunicar determinada emoción a través de ellos, ninguna modelo parece saber muy bien comunicarse cuando abre la boca ante una camera de cinema.

Muchas han sido las que lo han intentado. Milla Jovovitch la que más. Empezó en 1991 con un papel principal en la segunda entrega de Blue Lagoon (Return to the Blue Lagoon) y no logró superar a una inolvidablemente dulce Brooke Shields. Se siguieron participaciones en The Fifth Element y The Messenger: The Story of Joan of Arc, una película que no me disgustó del todo.

Laetitia Casta no tuvo tanta visibilidad. En Astérix et Obélix contre César apenas se hizo notar como Falbala y, en mi opinión, hubiera hecho mejor quedándose (sólo) como musa inspiradora de La République francesa.

En 2000 fue la vez de Tyra Banks probar su suerte. Después de varios pequeños papeles en película seudo-cómicas, la modelo logró representar a Zoe, una de las camareras del bar Coyote Ugly.

Más recientemente ha sido Gisele Bündchen quién se puso en la piel de Serena, una de las colaboradoras de Miranda Priestly en The Devil wears Prada. Peor que su prestación, que tuvo tanto de inconsistente como de corta, es su acento. Que incluso a mi, que soy portuguesa y se supone que hablo el mismo idioma que Gisele, se me hizo difícil entender lo que decía en inglés. Sin embargo, Gisele ya puede contar a su hijo bebé que participó en una película que jamás será olvidada, al menor por las fashionistas.

Dos años antes de una pequeña participación en esta misma película, haciendo de si propia, Heidi Klum ya había arriesgado en algo más visible. Ella Enchanted, una película de Disney también protagonizada por Anne Hataway, fue la oportunidad encontrada por la modelo alemana para enseñar sus cualidades como actriz. Heidi dio vida a Brumhilda pero ni siquiera logró tener su nombre en el cartel de esta historia para niñas (y algunos niños también).

Las más recientes incursiones de modelos en el mundo de las actrices son protagonizadas por Lily Cole, que representa a la rebelde Valentina en la bella y onírica película The Imaginarium of Doctor Parnassus, y por Liya Kebede que da vida a una compañera de profesión en Desert Flower, una película de la cual ya hablé en este blog.