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jueves, 12 de agosto de 2010

cette fille sait de mode

He pensado que hoy estaría bien hacer un post ligero, como los días de agosto…
Hace unas semanas, navegando por la blogosfera, encontré a Margaux Motin. Esta francesa, ilustradora de profesión, comparte con nosotras sus ideas, aficiones y aventuras del cuotidiano (en la mayoría de las veces co-protagonizadas por su hija “Poupette”) por medio de sus dibujos.


¡Y qué dibujos! Siempre me ha fascinado la gente que sabe dibujar. Cuando empecé a trabajar en las revistas conocí a muchos talentos, verdaderos artistas que podían hacer maravillas con una simple hoja blanca y lápices de color. De sus cabezas y puños salían ilustraciones e infografías increíbles, pero lo de esta chica es otra historia. ¡Margaux está en otro nivel!

Sus dibujos no son apenas perfectos, son también muy divertidos y actuales. Y, lo mejor de todo, hablan de moda y de cosas de mujeres. Las francesas se han rendido ya a sus ilustraciones, que se pueden encontrar un poco por todas partes: en revistas femeninas, en publicidad o literatura de distintas marcas e incluso en libros.

Os dejo aquí unas viñetas para estimularos. Pero para descubrir más tendréis que entrar en su blog: http://margauxmotin.typepad.fr (está todo en francés, pero lo que no entendáis podéis copiar pegar en Google Translate y así tendréis idea de lo que va). Al final, me daréis las gracias. C’est genial!



miércoles, 7 de abril de 2010

¿moda?

Hace dos semanas paseando por el barrio chino de Barcelona (Sant Pere) me fijé en la cantidad de tiendas que tienen en su nombre la palabra “moda”. ¡Es una pasada!

Yo soy defensora de que la moda debe ser para todos. Mejor dicho, de que la moda llega a todos. De que incluso cuando Andy Sachs de “El Diablo viste de Prada” compró tan inocentemente en unos grandes almacenes su jersey de pico azul cerúleo, pensando que no se estaba para nada incluyendo en las tendencias, estaba comprando algo que los más grandes de la moda habían elegido para ella. Lo mismo pasa con las prendas que se venden en este tipo de tiendas, de alguna manera reflejan lo que pasa por las pasarelas más importantes a nivel mundial. Sin embargo, ¿con que legitimidad los propietarios de dichas tiendas se auto-intitulan de hacedores de moda? ¿Qué significa moda realmente?

Siguiendo con las consultas al diccionario, veamos que dice la Real Academia Española sobre esto. Moda: “(Del fr. mode).
f. Uso, modo o costumbre que está en boga durante algún tiempo, o en determinado país, con especialidad en los trajes, telas y adornos, principalmente los recién introducidos”. Bueno, la verdad es que no ayuda mucho. Ni la definición de la RAE es muy clara cuanto al significado de moda. Refiriéndose en parte al significado matemático del término, “modo o costumbre que está en boga durante algún tiempo”, a la moda como algo que es común a una mayoría, para luego contradecirse diciendo que es una característica de las cosas “recién introducidas”.

Pues entonces, ¿qué es? ¿Quién la puede definir? Con el post de hoy estaré quizás abriendo una Caja de Pandora que jamás tendré la capacidad de cerrar, sin embargo me parece interesante que yo y cada una de vosotras hagamos esta reflexión.

La discusión me recuerda a una discusión real que tuve hace tan sólo media década con algunos de mis compañeros de universidad. Empezaba por aquel entonces mis estudios superiores y el tema caliente de esa tarde era la arte. En la época defendí con uñas y dientes mi teoría de que la arte es una exclusividad de las elites. De que sólo estos tienen y pueden tener acceso a la verdadera arte. Está claro que me acribillaron… con argumentos y comentarios seudoizquierdistas. Y ante todo eso yo me mantuve seria y firme en mis opiniones. Pero mentiría si dijera que cinco años pasados sigo pensando igual. Aunque recuerde muchas veces esta charla en el autobús a camino de casa, no fue en ese momento que cambie mi opinión. Sino cuando empecé a intentar aplicar el mismo principio a la moda.

Aunque la alta moda sea y deba seguir siendo una exclusividad sólo accesible para algunos, la moda en general es para todos. Incluso para quién compra en las tiendas de ropa chinas del barcelonés barrio de Sant Pere.

Quien define qué es moda, a semejanza de quien define qué es arte, es quien paga por ella. Los creadores de ambas áreas ya pueden pensar que tienen delante suyo una gran creación, pero es la forma como esta es valorada lo que define su estatuto. O sea, los que son considerando genios sólo lo son porque alguien que entiende del tema, o que la mayoría atesta que entiende, así lo determinó. Esto puede tardar décadas de trabajo o sólo un momento, ser fruto de mucha inversión de tiempo y creatividad o de un golpe de suerte. En cualquiera de los casos este es el momento decisivo en que un creador sale de este limbo, entre la normalidad/mediocridad y la genialidad, y empieza a tener poder.

El poder puede ser económico, permitiéndole trabajar con mejores telas, y aumentar así la exquisitez de sus prendas, o creativo, permitiéndole dar alas a su imaginación. En ambos casos el poder viene de la mano de la libertad. A partir de entonces, aunque a algunos les parezca que lo que el modisto X creó es feo, su estatuto hará con que la mayoría ateste lo contrario. De ahí hasta que sus prendas o conceptos sean copiados por marcas y tiendas un poco por todas partes es un paso muy corto. Ese es el momento en que la moda (exclusiva y novedosa) cumple su función y se hace accesible a todo el mundo.

Lo que cambia, en mi opinión, de lo que se ve en las principales pasarelas internacionales a lo que se ve en las tiendas chinas, es la calidad. En la tela, en los acabados, en el diseño. A parte del intervalo de tiempo que pasa entre un momento y otro, durante el cual quién realmente tiene poder económico e interés por la moda puede ir utilizando sus prendas de forma exclusiva.

Este fenómeno se vio muy claramente en el verano de 2008. El estampado de retazos de flores que Dolce & Gabbana mandó para la pasarela fue de los más copiados (o digamos antes, que más sirvió de inspiración, para ser políticamente correctos) que he visto nunca. Podíamos encontrar vestidos con la misma tela en todas partes. En Zara, en Mango, en las tiendas chinas… Pero más allá de las apariencias, la gran diferencia entre los vestidos de D&G y los demás era la calidad con que estaban hechos.

En este sentido, la democratización de la moda es algo bueno. Porque es también un incentivo para los modistos crearen productos con más y más calidad. Más y más riqueza de detalles. Más y más creativos; difícilmente imitables. Siempre que lo logren estarán creando arte, obras de genio. Siempre que se queden cortos estarán tan solamente creando moda.

martes, 16 de marzo de 2010

legolízate

¡Que levanten la mano las que nunca han jugado con LEGOs! Yo desde luego no puedo hacerlo. Si hay una marca que marcó mi infancia es LEGO (a par de otras como Fisher-Price, Barbie o Crayola). Las piezas coloridas con dos, cuatro, seis u ocho botones me daban alas y me permitían construir todo un mundo de diversiones infinitas.

La buena noticia es que las posibilidades que nos da LEGO no se han quedado atrás, en la infancia. Para las más desenfadadas, LEGO es toda una herramienta, que nos permite seguir jugando y divirtiéndonos incluso de mayores. Eso sí, ¡hay que tener imaginación!

Los ladrillos inventados por Ole Kirk Christiansen, en 1932, han saltado la esfera de la arquitectura e ingeniaría (al menos de los niños con aspiraciones a tal) e invadieron la esfera de la moda. Saber jugar con LEGOs de adulta es la prueba última de creatividad. El nombre LEGO está formado por la abreviación de dos palabras danesas: leg godt. Esta expresión significa “juega bien”, y es la perfecta definición de la idea por detrás de la creación de la marca. En el pasado, como en la actualidad, la forma como jugamos dice mucho de nosotras.

Yo, por ejemplo, de pequeña me acuerdo de no lograr construir determinadas cosas que veía claramente en mi mente con las piezas del LEGO. Lo veía todo muy claro en mi imaginación y creía que sería posible, pero no tenía el discernimiento suficiente para entender de estructuras y que en el mundo real no se pueden construir, literalmente, “castillos en el aire”. Y esa incapacidad representaba una frustración enorme para mí. Cuando mis construcciones se deshacían sin más y tiraban al suelo mi “sueño” me enfadaba y empezaba a pegar al tablero con las piezas de colores yaciendo sin vida ni utilidad. En cambio, cuando lograba construir lo que había imaginado sentía una satisfacción muy grande, un sabor a victoria como el que de grande he sentido sólo cuando me auto-superé en el trabajo o en la vida. El LEGO nos moldó de niñas y vuele para moldarnos de adultas. O, en este caso, para dejarse moldar. Para que juguemos con él… y juguemos bien.

El que ha sido nominado ya por dos veces “Juguete del Siglo” está por todas partes. En la calle vemos a collares, anillos, broches, diademas, gorras o cinturones hechos con LEGOs. Quizás esta habrá sido la forma encontrada por la marca para superar un par de años con rendimientos muy bajos y ganar alguna visibilidad, ofreciendo no sólo a los niños pero también a los adultos un sin numero de posibilidades y combinaciones. Sino veamos, “con apenas seis piezas de ocho botones se pueden hacer más de 900 millones de construcciones”, dice LEGO en su página web oficial. Imaginaros todo este “poder“ aplicado a la moda. Se trata de un desafío a nuestros sentidos de estética y de humor.

Como los que Jean Charles de Castelbajac demostró. El diseñador lanzó un video reproduciendo, con muñecos de LEGO, un desfile de moda del año de 3001. Incluso podemos ver a la versión LEGOlizada de Anna Wintour sentada en la asistencia del evento. (Ver video) 

Tampoco Lanvin quiso desperdiciar esta oportunidad y también adhirió a la LEGOmania. En 2008 lanzó una campaña publicitaria que revivía a iconos del pasado, como el LEGO o Pacman, pero con la mirada puesta en el futuro.

Y tu, ¿te la vas a jugar?


viernes, 12 de marzo de 2010

reciclar

Es un gustazo salir de tiendas y volver a casa con decenas de bolsas colgando de los brazos. Pero, infelizmente, nuestra adicción al shopping significa más polución. Aunque las marcas defiendan su ecología y etiqueten de "reciclables" a sus bolsas, la verdad es muy distinta.

En realidad, reciclable apenas significa que las bolsas de plástico convencionales pueden ser transformadas en otra cosa. Generalmente en granza de polietileno, un granulado plástico que sirve para fabricar otros productos. Sin embargo, si las taráramos a la naturaleza tardarían algo como unos cien años descomponiéndose. 

Aparte de “reciclable” existen otras etiquetas, como “biodegradable” (que se refiere a plásticos que son fabricados a partir de recursos naturales renovables, como el almidón de patata, o de algunos poliésteres sintéticos y quiere decir que las bolsas hechas de este material pueden descomponerse en nutrientes o biomasa si sujetas a las condiciones normales de la naturaleza), o “degradable” (que se refiere a plásticos a los que se añadió aditivos que aceleran el proceso de desintegración física y se llegan a fragmentar en partículas minúsculas pero que, aunque no se vean, no son asimiladas por las plantas) y “compostable” (que se refiere a los plásticos que sirven para hacer compost o abono orgánico y significa que este material se desintegra en un determinado plazo en temperaturas entre los 55 y los 60 grados, las mismas condiciones que una planta de compostaje, pero que tarda más tiempo si compostable en el jardín de casa o si lo tiramos a la naturaleza, donde puede tardar 20 años descomponiéndose). 

La confusión de términos es general y común a todas las áreas del comercio, no sólo al comercio de moda, y supone un gran problema (e invisible) a la hora de tratar los residuos que generamos con nuestras compritas. Como todos estos tipos de bolsas tienen métodos de descomposición distintos haría falta separarlas a la hora de tirarlas, sin embargo todas se ven iguales. Y los plásticos alternativos, a pesar de las buenas intenciones, terminan dificultando aún más el proceso. 

El Ministerio de Medio Ambiente sabe que no es fácil decidir donde tirar todos nuestros tipos de bolsas y ya está buscando soluciones. Como mientras tanto sabemos apenas donde tirar las bolsas convenciones (en el cubo amarillo), pero seguimos sin saber qué hacer con una compostable (que se supone que ha sido fabricada para terminar en una planta donde podrá transformarse en compost juntamente con los desechos orgánicos) o con una biodegradable (que no puede ir al cubo amarillo para ser reciclada ni tampoco al orgánico, donde los haya, porque no se descompondrá al mismo ritmo que el demás compost), lo mejor mismo es que nos busquemos nosotras la vida. De una manera fashionable, ¡por supuesto! 

No sólo pensar y ser ecológica está de moda como también la moda contribuye para el bienestar de nuestro planeta. Al contrario de salir por ahí, de tienda en tienda, acumulando bolsas de plástico podemos llevar nuestra propia bolsa e ir poniéndolo todo adentro. Con una bolsa como la de arriba, de American Apparel, estamos protegiendo el medioambiente y sumando puntos en el libro de estilo. 

Otra solución, para cuando tenemos que hacer la compra, es llevar un carrito. Los venden por todas las partes y funcionan un poco como el croché: pensamos que son de abuelita pero están otra vez de moda. O por qué no llevar una cesta de mimbre, el gran fetiche de los últimos veranos que no es más que un regreso a las orígenes, que también favorece el comercio de barrio. Porque lo que está claro es que no vamos a cruzar toda la ciudad con la cesta cargada de frescos colgando del hombro. 

Finalmente, la solución con más estilo de todas es llevar siempre a todas partes un bolso XXL (como el de la foto de abajo). 

En este de American Apparel casi nos podemos meter dentro. Es ideal para llevar todo lo que necesitamos durante el día, móvil, moleskine, llaves, monedero, necesair con compresas y unos básicos de maquillaje o higiene personal, gafas de sol, paraguas, guantes y gorro en invierno, etc. Más las compritas que vayamos haciendo cuando salimos de casa con el simple propósito de gastarnos dinero en las tiendas de moda. 

Aunque lo ideal mismo sería que las marcas se conciencien y hagan su parte; nos vendan las prendas en bolsas de papel que luego nosotras, cuando llegamos a casa, sólo tenemos que juntar en el monte de papeles que ya tenemos apartado. 


domingo, 7 de marzo de 2010

las dos caras de una misma moneda

Cada día llegan hasta nosotras, a través de los distintos medios, imágenes bellas de la moda y de las modelos. Es fácil ver a la mejor cara de la moda y entender por qué vende. Pero no raras veces somos confrontadas con el lado oscuro de esta industria. Y lo más sorprendente, al menos para mí, es que este lado da aún más de que hablar y tiene igualmente la capacidad de generar millones.

En la moda, como en la sociedad, vivimos un momento en que parece que compensa serse un “bad boy” o una “bad girl”. Pero ¿desde cuando hacer lo que es reprochable es valorizado y trae aún más fama y éxito?

Hoy todos los periódicos noticiaban que el chófer que Naomi Campbell había contratado para conducirla durante su reciente pasaje por Nueva York y que la semana pasada se ganó sus 5 minutos de fama por haber denunciado a la modelo por agresión, al final, se retractaba y le pedía perdón públicamente. Sea por haber sufrido presión de sus abogados o por querer realmente reponer la verdad, lo importante es el chófer habló y dijo que esta vez Naomi no era la mala de la historia. ¡Al menos esta vez!

Modelos como Naomi o Kate Moss, idolatradas por sus características únicas y por lo que han aportado al mundo de la moda, no se cortan ni un pelo a la hora de hacer todo lo que de más reprochable existe. E irónicamente el mundo de la moda parece, a cada escándalo, enamorarse más y más de ellas.

En 2007, cuando Kate apareció en todos los medios de comunicación protagonizando un video donde se podía ver claramente como snifaba varias rayas de cocaína y se quedaba totalmente colocada todas las grande marcas de moda cancelaron sus contratos con la modelo. Lo que podía parecer la punición necesaria para que modelos como Kate se dieran cuenta de que más que desfilar o fotografiar su “trabajo” también es ser un “modelo” para muchas adolescentes y mujeres y que, por lo tanto, se deben comportar como tal, al final, se quedó en nada. Las marcas, pasado el escándalo inicial y superado el riesgo de perder clientes por asociarse a alguien cuya imagen gritaba drogadicta, han vuelto a contratar a Kate y actualmente podemos ver a la modelo en diversas publicidades llena de polvos. Pero no de los blancos que le salían por la nariz en dicho video, sino de los compactos con que la maquillan en la decenas de spreads en que aparece.

Por ejemplo, Kate aparece en un anuncio de Bulgari con un collar y pendientes de diamantes de miles de euros, dignos de una lady inglesa, y a nadie le parece raro. Nadie parece acordarse ya de su episodio con la cocaína en el estudio de su ex-novio. Al igual que nadie parece acordarse nunca de que Naomi fue arrestada en 2006 por maltratar a su asistenta y tuvo que prestar servicios a la comunidad o que, un año después, volvió a protagonizar una escena de violencia, esta vez en el aeropuerto de Heathrow donde atacó a dos policías por un problema con sus maletas. La moda parece tener memoria corta mientras la sociedad en general se endurece cada vez más con sus criminosos.

Está claro que todos nos podemos arrepentir, que todos hemos hecho cosas por las cuales hemos tenido que pedir disculpas y que después de dichos episodios crecemos y sinceramente cambiamos de hábitos. Las modelos como Naomi y Kate no son excepción. Lo que, en mi entender, lo cambia todo es la visibilidad que tenemos unos y otros. A la vez que mis acciones me afectan a mi y a media docena de personas que me rodean y que son parte de mi vida, las acciones de las grande modelos tienen repercusiones inimaginables e influencian a mucha gente.

No defiendo que no les sea dada una segunda, tercera, cuarta oportunidad, sino que la sociedad en general y la industria no debe cerrar los ojos a lo que es criticable. Callándose es como si estuviera consintiendo. Y lleva a que las modelos de belleza sigan no personificando modelos de comportamiento. Luego con que legitimidad criticamos al vecino del piso al lado por llegar a casa borracho, pegándose contra todas las paredes y despertándonos a mitad de la noche si, al mismo tiempo, idolatramos a alguien que tiene comportamientos semejantes o peores. 

La moda es una moneda con dos caras. Por detrás del glamour ni todo es bello. Cuando las luces se apagan, hay tristeza, insatisfacciones, vicios que son llevados al extremo y que se intentan camuflar como siendo una extravagancia de divas que lo tienen todo o un escape de alguien que tiene constantemente la mirada del mundo puesta en si. Las razones para sus comportamientos transgresores son múltiplas y van de la mano de las cantidades inmensas de dinero que esta industria genera, que nosotras ayudamos a que genere.

Quizás lo más fácil sea realmente no darle más vueltas, cerrar los ojos, olvidarnos de la cara podrida de la moda y quedarnos con la otra...


miércoles, 17 de febrero de 2010

moda solidaria

Una muy buena manera de empezar y de comprobar como la moda y el mundo “afuera” no están de espaldas giradas sino que muchas veces pasa todo lo contrario, van de la mano, es echar un vistazo a la semana de la moda de Nueva York.

El certamen empezó el pasado día 11 de febrero. Bajo un frío glacial, que “vistió” de blanco a la ciudad en las últimas dos semanas, se pasaron las mejores propuestas para el próximo otoño y se hizo solidariedad.

Fashion for Relief es el nombre de uno de los desfiles que hizo temblar a las grandes carpas que por estas fechas ocupan Bryant Park. El pasado viernes, bajo la voz de comando de Naomi Campbell, que tantas veces fue dirigida hacia sus secretarias y empleadas personales no de la mejor manera, han trabajado ahora diseñadores y modelos de renombre internacional. Y esta vez, ¡por una buena causa! Recaudar dinero para ayudar a las víctimas del seísmo del pasado día 14 de enero en Haití.

Las ropas desfiladas han sido donadas por Diane Von Fustemberg, Donna Karan (quienes también desfilaron), entre otros. Y han sido pasadas por modelos, pero no solo. Naomi invitó también a gente del mundo del entretenimiento, como Chris Brown y la británica Kelly Osbourne, de la “realeza”, como la pelirroja Sarah Ferguson, y a antiguas compañeras de pasarela como la ex-modelo/fotógrafa/estrella de videoclips/super-mammy-llena-de-estilazo Helena Christensen y a la más reciente musa de Jean Paul Gaultier, Agyness Deyn.

El los bastidores estaba la experta en estilo Rachel Zoe, dando los últimos retoques en los looks. Y en la audiencia estaba gente que pagó mucho para asistir a este pase de ropa solidario y para volver a ver a Naomi Campbell desfilando.

La modelo, apartada ya de las pasarelas, fue quién tuvo la idea de este espectáculo pero dijo, a los reporteros de la cadena estadounidense CNN, que “sin los amigos nada de esto hubiera sido posible”. Y añadió: “Lo hice por ellos, pero por solidariedad principalmente”.

Un buen ejemplo de como la moda puede llevar alivio (relief, en inglés) a los más necesitados, sin que eso signifique enviarles aviones llenos de bolsos Balenciaga, zapatos Jimmy Choo o pañuelos Hermès.