











Mi padre es fotógrafo y ya sabéis qué dice la gente… “En casa de herrero cuchara de palo”. Claro que mi talento para fotografiar sólo podía ser poco o nulo. No sé nada de fotografía. Pero creo poder decir que sé apreciar una bonita foto. Quizás, justamente, porque la miro con los ojos de la intuición y no con los de un experto que intenta ir más allá de la superficie de lo que ve. Mis fotografías favoritas, hayan sido sacadas por mi padre o por cualquier otra persona, siempre son las que están a contraluz. Claro que podía contaros unas cuantas trolas y haceros creer que siempre me gustaron las fotos a contraluz porque entiendo un montón de fotografía, pero ¡no es así!
Las fotos que enfrentan la luz me fascinan (siempre imagino la mirada del artista dirigiéndose hacia el sol como un girasol que busca el calor de los rayos del astro rey). Y a Juan Gatti, aparentemente, también. Tanto que este argentino, más conocido por ser el creador de la mayoría de los carteles de las películas de Almodóvar, decidió nombrar su exposición que puede ser vista hasta el 1 de Abril, en Madrid, “Contraluz”.
La muestra está patente desde el 24 de Noviembre en el depósito de agua de la Sala Canal de Isabel II y divídese en dos partes. En la planta baja se hace un repaso del trayecto profesional de Gatti en lo que concierne la fotografía de moda y editoriales, el diseño de objetos y gráfico, los carteles de cine y las fundas de discos, etc. Y en las restantes tres plantas se expone su trabajo más personal. Es a medida que vamos subiendo los escalones del depósito que vamos descubriendo sus enormes paneles de fotos a contraluz, donde es el objeto lo que está iluminado y lo que le rodea en la penumbra. El efecto es interesantísimo y va de la mano con el efecto que suscita esta subida gradual a la cumbre de este depósito de cuatro plantas. En el último espacio (la parte redonda donde antes se almacenaba el agua) encontramos unos pufs donde nos podemos sentar y apreciar un video, proyectado en los 360º de la sala, donde se descubren los más ínfimos detalles de las obras que terminámos de ver colgadas.
La muestra y el espacio son muy interesantes. A los que vivís en Madrid os aconsejo fuertemente una visita, principalmente los sábados de 12 a 13 o de 18 a 19 horas o los domingos de 12 a 13 horas, porque es cuando se realizan las visitas guiadas y como las obras de la muestra no tienen cualquier legenda así no quedará nada por explicar.







De pequeña mi madre solía decirme: “si no tienes nada de interesante que decir, cállate”.
Su consejo puede parece cruel pero es cierto y es algo que puse en práctica varias veces en mi vida. (Sé que los que de entre vosotros me conocéis personalmente estáis ahora mismo negando con la cabeza, os veos… ¡Pero es así! Incluso alguien que habla tanto como yo, se calla algunas cosas). Como ahora.
En el pasado mes de septiembre mi vida dio un giro muy grande. Cambié de trabajo, de ciudad, de costumbres y todavía estoy descubriendo como The Closet by m. encaja en todo esto. Por eso y hasta que decida que rumbo tomará… ¡Shhhhhhh!
Hace un par de semanas visité la exposición sobre la vida y obra de YSL que está en la Fundación MAPFRE en Madrid. Esta es la misma muestra que el año pasado, por escasos minutos, no pude ver en el Petit Palais de París porque terminaban de cerrar los accesos nada más llegué y yo había dejado esta visita para el final de mi estada. Dicen que el “placer retardado es el más apreciado”, pero esta vez no estoy de acuerdo. Llevaba más de un año esperando ver sus fotos, bocetos y prototipos, sin embargo mis expectativas se quedaron cortas. La muestra es pequeña para lo que yo me esperaba y para el espacio que ocupa en la Fundación MAPFRE (ni quiero imaginar como sería verla en el Petit Palais que, a pesar del nombre, es bastante grande) y no tiene ningún efecto sorpresa; al menos para quien entiende de moda.
¡Varsovia parece ser una ciudad muy bonita! Digo “parece” porque, entre reuniones y cenas de trabajo, no pude percibir mucho más que la increíble vista desde la ventada de mi habitación, en una torre delante del Palacio de Cultura y Ciencia, uno de los edificios más altos de Polonia y el octavo más alto de la Unión Europea. Originalmente conocido como el Palacio de Joseph Stalin de Cultura y Ciencia, este espacio hoy se utiliza como centro de exposiciones y complejo de oficinas y fue mi “guía” durante la semana que pasé en Varsovia. Principalmente en la tarde que salí, dos horas, de compras. 


Confieso que llevo semanas deseando dejarme contagiar por el estilo de esta señora, ¡pero todavía no he podido! Sin embargo, ahora que el Verano parece, finalmente, haber llegado a la ciudad yo me voy de fin de semana para aprovechar cada rayo de sol… No sin antes dejaros con las historia de vida de la maravillosa Carmen Miranda:
Todavía me acuerdo de la última vez que puse un carrete de fotos a revelar... Estábamos en el año de 2004, yo hacia mi Erasmus en Madrid y cualquier excusa era buena para sacar fotos.
En cinco años y medio de España muchas han sido las ocasiones en las que tuve que escuchar la pregunta: ¿A que Portugal es igual a España?








Dicen que con sólo mirar lo que la persona X lleva vestido o calzado podemos decir mucho de ella. Y eso fue justamente lo que sentí cuando, hace dos días, aprovechando mi viaje de trabajo a Cracóvia, visité los campos de concentración de Auschwitz y Birkenau y, en el primer complejo (o Konzentrationslager, que en alemán significa campo de concentración), pude ver miles de objetos que pertenecieron a las víctimas.
Sus maletas, sus gafas de ver, sus ropas, sus tallit judíos y muchos otros objetos personales, pero principalmente los zapatos femeninos que se han preservado cuentan parte de los secretos de lo que pasó allí. ¡Digo parte porque después de mi visita creo que nunca jamás nadie podrá entender la real dimensión de lo ocurrido!
Detrás de un cristal en una de las salas del museo, los zapatos de las mujeres que llegaron a Auschwitz entre 1942 y 1944 se pierden en medio de una pila de zapatos de hombres y niños (los prisioneros no solo eran judíos sino también presos políticos, familias enteras de polacos que de una manera u otra han ayudado a los judíos, gitanos y/o homosexuales). Sin embargo hubo algunos que me llamaron la atención porque, y cualquiera que entienda de moda pensaría igual, eran modelos extremadamente avanzados para la época. Ricos en colores, en detalles, con elementos del folclore de sus países o bordados a mano... Y aunque los veamos allí parados, degradados por el paso del tiempo, todavía tienen la capacidad de comunicarnos un poco sobre el poder adquisitivo de muchas de las mujeres que fueron llevadas hasta allí, para morir o desnudas y con la cabeza rapada en una cámara de gas nada más llegaron o desnutridas, enfermas y cansadas por continuados trabajos forzados y torturas.
Más allá, estos zapatos nos dejan entrever que al llegar allí todos esperaban algo muy diferente a la muerte que acabó por llegar tarde o temprano. Sino no hubieron llevado su mejor calzado y las maletas cargadas con sus ricas pertenencias y muchas ilusiones…




