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miércoles, 9 de mayo de 2012

cucharada


Hoy quiero daros a conocer el trabajo de Mario López. Este artesano argentino que hace 10 años se instaló en Granada, la ciudad donde he ido a pasar unos días por semana santa, hace complementos y, porqué no decirlo, “joyas” a partir de cubiertos.

Lo descubrí porque uno de los viajantes intrépidos que conocí en mi visita a la Alhambra llevaba colgado del cuello un mecanismo de reloj de su marca, UNK. Era una pieza muy interesante y rica, a pesar de su sencillez, que me intrigó al punto de llevarme a buscar al artesano. En la Cuesta del Chapiz número 39 encontré su taller y espacio de exposición recién reformados y llenos de encanto. De hecho, todavía estaba a mitad de la cuesta y ya estaba cautivada por la imagen de la casa de dos plantas, con una bici aparcada en la puerta, donde la fuerza del trabajo de modelaje de los materiales que tiene lugar en la planta baja contrasta con la calma de la vida en una ciudad como Granada que se desarolla en la planta superior, dedicada a la habitación. Me recordaba los talleres de diseñadores de moda de mi antiguo barrio en Barcelona, Gracia, o de Anveres. Pero, cuando entré, ¡me rendí por completo! La originalidad de las piezas y la simpatía del artista fueron los grandes responsables.

Terminé comprando un anillo, hecho a partir del mango de una cuchara antigua, de alpaca. Es genial (además de multifunciones, una vez que algunos días lo llevo al cuello, colgado de un cordón) y por eso no se me hace raro que cada vez que lo uso acapare varios “ohhhhhs” de sorpresa y elogios múltiples. Para los que estáis o estaréis por Granada os dejo la web del artista para que comprobéis si tengo o no tengo razón… 

Además me fui de la ciudad con otro “bono” porque del taller de Mario me enviaron al taller de vidrio de Juan López, el hermano, y por segunda vez ese día mis ojos se llenaron con la originalidad y talento de las obras de un artista argentino. Aquí os dejo también su web y, para mis amigas parisinas, la indicación de que una de sus obras (un globo terrestre donde los países y continentes están hechos de fondos de botellas de colores) estará expuesta para la apreciación de todos, locales y turistas, en el Parque de Les Halles en París. 


sábado, 25 de febrero de 2012

H. Stern


Podía decir que la puesta del sol vista desde la terraza del Marina Palace el día anterior ha sido la llave de oro que cerró nuestro viaje de 5 días a Río de Janeiro, pero la experiencia que dio realmente por terminada nuestra estada en la ciudad maravillosa fue la visita a los talleres de la marca de joyas brasileña H. Stern.

Hans Stern, un inmigrante alemán que había llegado al Río con sus padres tan sólo 6 años antes, fundó en 1945 con el dinero conseguido con la venta de su acordeón aquella que es hoy una de las 10 joyerías más importantes del mundo y la número uno de Brasil. Es más, fue él quien contribuyó para que piedras como las aguamarinas, amatistas, citrinas o turmalinas ganaran el estatuto (bien como la denominación) de piedras preciosas, y el aprecio de los compradores, en una época en que lo que estaba de moda eran los diamantes, esmeraldas y rubís. Y es que, hasta la década de 50, no sólo el mundo de la moda y del lujo no consideraba estas piedras, como en Brasil ni siquiera se les daban importancia… En el país la mayoría de las piedras no se encuentran en minas, sino en los ríos, y como hasta los años 50 los mineros estaban más concentrados en explotar hierro, mena y mica ignoraban las piedras incluso cuando se las cruzaban. Fue H. Stern quien cambió esta manera de ver y hacer las cosas, transformando el negocio de las piedras en una “mina de oro”.

Fue también gracias a él que su país de acogida se dio a conocer al mundo como uno de los principales explotadores de gemas de colores. Hoy, por ejemplo, el Brasil es uno de los primeros exportadores de esmeraldas. Por eso es tan interesante, una vez en Río, tener la oportunidad de conocer los bastidores de H. Stern. La sed mundial está en el número 133 la calle Gracia D’Ávila, en Ipanema, y la visita es gratis y abierta a todos. Durante el recogido, que tarda más o menos 20 minutos, podéis ver como trabajan algunos de los 600 artesanos de la marca. En 2005, cuando la marca inició su colaboración con Diane von Furstenberg, también la diseñadora hizo este tour sobre el cual comentaría después: “Ninguna marca en el mundo tiene unos talleres así, al menos no con semejantes niveles de artesanía”. Y es que aquí todo depende de la habilidad manual y del control visual del artesano. Por ejemplo, los engastadores que trabajaban justo delante de nuestros ojos tienen que tener una precisión extrema para no dañar ni rayar el oro siempre que le clavan una piedra. Pero es ahí donde está la magia de la orfebrería y, más precisamente, de H. Stern: no hay máquinas en el mundo que puedan sustituir las manos de sus artesanos.

Además la marca también tiene, en el mismo edificio que estuvimos visitando, laboratorios propios, porque la claridad y/o pureza de color de las gemas son detalles que ni el ojo mejor entrenado logra percibir pero que pueden influenciar enormemente el precio de un par de pendientes y que, además, son condición si ne qua non para logar un par perfecto. ¿O es que os podéis imaginar un par de pendientes de topacios imperiales donde las piedras no sean idénticas? ¡No! Pues, para encontrar el par perfecto, toda examinar muchas piedras. 



lunes, 20 de diciembre de 2010

la gran venganza

Chanel, incluso después de muerta, sigue engendrando su gran venganza: vestir de pobres a las niñas ricas. Lagerfeld es su fiel ejecutor hasta los días de hoy y en el inicio de este mes ha vuelto a cumplir su misión.

La infancia de Coco estuvo muy marcada por la diferencia de clases, entre ella y las demás niñas de su colegio donde junto con su hermana fueron educadas por “caridad”, una vez que eran huérfanas de madre y habían sido abandonadas por su padre, y la rabia por esta realidad jamás abandonó la modista.

Su ropa era austera porque era un reflejo de su gusto personal y una respuesta a la necesidad de libertad que las mujeres de su tiempo no sabían qué significaba pero que ella conocía bien, pero también porque era el objeto de su gran venganza. Además de los sombreros depurados de accesorios, de las prendas de punto o inspiradas en los trajes de trabajo masculinos, del negro de sus colecciones que todavía era una reminiscencia de su uniforme de pequeña, también los complementos Chanel eran diferentes de las joyas que tradicionalmente se llevaban… y siempre falsos.

En una época en la que las mujeres eran un escaparate ambulante del poder adquisitivo de sus maridos, desfilando por las ciudades encasilladas por trajes caros y cargando joyas verdaderas, Chanel inventó el concepto de bisutería. Sus accesorios eran ricos en detalle, porque estaban hechos con técnicas de joyería, pero no en valor, una vez que sólo contaban con piedras falsas.

Más tarde, durante la crisis de los años 30, el gremio de los joyeros de Francia le pidió que incorporara piedras verdaderas a sus accesorios, para ayudar el sector a revivir, a lo que ella accedió creando para el efecto un remake de su primera colección pero esta vez con zafiros, esmeraldas y diamantes de verdad. Sin embargo, con el tiempo y ya después de la muerte de Coco la marca ha vuelto a fabricar piezas de fantasía. Eso sí, siempre sin perder la influencia de las joyas de los zares, los bizantinos y los bárbaros con las que Chanel se familiarizó mientras salía con el ruso Dimitri Paulovitch.

El pasado día 7 de diciembre 67 looks compuestos por prendas y accesorios con estas influencias han vuelto a pisar una pasarela en la casa de la Calle Cambon, pero esta vez han sido diseñadas por Karl Lagerfeld. Son parte de la pre colección de la marca, o colección crucero, a la cual dieron el nombre de París-Byzance, y siguen la tendencia de vestir (o en este caso “accesorizar”) a las niñas ricas como si fueron pobres idealizada por Madeimoselle Chanel.