

De arriba hacia bajo, y de la izquierda hacia la derecha, las tendencias de la estación en denim:

De arriba hacia bajo, y de la izquierda hacia la derecha, las tendencias de la estación en denim:













No hay nada que en los últimos años me haya indignado tanto como la reciente historia del vertido de BP en el Golfo del México. No sólo me indignó el hecho de que la Compañía British Petrol haya dejado que su plataforma explotara (sí, “dejado”, porque como apuntaban hace dos meses todos los medios de comunicación, BP habrá hecho caso omiso a los informes que avisaban que la plataforma necesitaba inspección, bajo riesgo de una tragedia inminente), como todo el show que se montó después.







Da igual los apellidos. Kennedy y Onassis han dado sólo el empujoncito; Jackie se hizo famosa por mérito y hasta hoy es conocida por su nombre propio. ¡Y por sus modelitos!
Para traerlos de nuevo a la vida, o, más bien, para copiarlos, la productora responsable por The Kennedys contrató un equipo de expertas costureras y trabajó directamente con modistos que en el pasado han firmado modelos originales utilizados por la misma Jackie, como es el caso de Giorgio Armani.
La visión de Jackie ayudó su marido a vencer la corrida para presidente y su belleza le rindió el titulo de primera dama favorita de los estadounidenses, al menos hasta ahora. Y portadas de revistas tan variadas como Life, Time, Photoplay, Look, People, Vanity Fair o Vogue. Estas y otras curiosidades es lo que podréis descubrir en los ocho episodios de la miniserie que el Canal Historia está grabando en Ontario y que exhibirá a partir de 2011.
Todas sabemos que en EEUU se llevan a tribunal temas de lo más importante, pero también de lo más insólito. ¡Es el país de los contrastes! O sea que no me pareció tan raro, sino divertido, el caso que la semana pasada ajetreó la opinión pública estadounidense.Julio Martinez, residente en el barrio de Bronx en Nueva York, fue multado a 20 de abril de 2009 por, imagínese, llevar los pantalones por debajo de las nalgas. Según explicaba una diapositiva que una amiga colgó hace unos meses en Facebook, donde se pedía que en un contexto de “servicio público” los internautas divulgaran este mensaje por la red para combatir “el mal gusto y la degeneración de las costumbres”, la moda de las saggy pants nació en las prisiones americanas. Llevar los pantalones por debajo de las nalgas fue la forma que los reclusos encontraron de enseñar que estaban disponibles para tener relaciones sexuales con otros hombres, sin que los guardias se enteraran.
Pronto la “tendencia” traspasó la grades de las prisiones y llegó a las calles de EEUU, y no sólo. En España, por ejemplo, se ve en todas partes. Principalmente entre adolescente ligados al mundo del deporte. Les conviene utilizar ropa ancha, que permite la libertad de movimientos necesaria para ir por la ciudad, contorneando a los transeúntes, con su patinete.
Sin embargo, en un pantalón, la anchura de pierna no requiere necesariamente que la cintura también sea ancha. Las saggy pants quedan anchas porque generalmente son dos o más números por encima de lo que normalmente llevaría esa persona. ¿Y todo para qué? Para enseñar una ropa interior que en la mayoría de las veces es fea, ya está descolorada e incluso casi transparente. Ni siquiera deja apreciar la retaguardia del chico como lo permiten los pantalones entallados o puestos en su sitio.
Pero por menos que me gusten las saggy pants no creo que este sea un caso de policía. Esto no fue, sin embargo, lo que pensó el policía que el año pasado multó a Julio por “alteración del orden público”. El joven recorrió y ha logrado que el juez Ruben Franco le liberara de todas las culpas. De todas menos de la de “atentado al estilo”. En la sentencia se podía leer: “la Constitución todavía da oportunidad para que aquellos que lo deseen hagan el tonto”.
El senador del estado de Brooklyn, en Nueva York, quiere hacer algo y por eso publicó un video en YouTube sobre el tema. En él Eric Adams aconseja que sus co-ciudadanos adeptos de la moda de las saggy pants “suban su nivel de respecto, subiéndose los pantalones hasta la cintura”.
Para mí lo que está claro es que en un país como EEUU donde, por tradición, cabe todo o casi todo, también tiene que caber la libertad de expresión que cada uno pone en su forma de vestir, por más que determinados estilos me disgusten.
En enero de 2006, a las nueve de la mañana del día cuatro de enero entregué mi proyecto final. Un reportaje sobre el "avance" de la tercera edad. En el reportaje explicaba como en las sociedades modernas hay cada vez más gente mayor, como gracias a mejores cuidados de salud estos viven más y como es importante mantenerles ocupados o produciendo para que, a medio plazo, nuestros países donde no hay suficientes nacimientos puedan seguir siendo sostenibles.
Es también el nombre de una tienda en Barcelona que da a los catalanes (y a los turistas, ya que está situada en el buscadísimo barrio de Borne) la posibilidad de conocer un poco mejor la moda portuguesa.
En este local amplio, luminoso y requintado, los propietarios (una pareja de compatriotas) venden prendas de marcas tan queridas de los portugueses como: Storytailors, Luís Buchinho o Anabela Baldaque, entre otras. Grandes talentos de un país que todavía intenta ganarse un lugar al sol en el mundo de la moda están, desde hace un año, a la distancia de apenas unas paradas de metro del centro de la ciudad condal.
No sólo la calidad de la moda que aquí se vende como el propio diseño del espacio, donde todos los detalles reflejan Portugal y el folclore portugués sin caer en exageraciones ni nostalgias, hacen de esta tienda una de las más cool que conozco actualmente en Barcelona.
Los cerebros por detrás de esta tienda también contribuyen, en mucho, para este sentimiento. Nathalie es una simpática portuguesa que hace muy bien las veces de RP del país. Para los que llevan mucho sin ir a Portugal, para los que son luso descendientes y han ido allí apenas algunas pocas veces o para aquellos que, como yo, terminan de volver este es un espacio donde apetece ir… en el intento de prolongar un poco más esa comodidad que uno siente cuando está en su casa.






E no bairro mais alto do sonho/ Ponho o fado que soube inventar/ Aguardente de vida e medronho/ Que me faz cantar




Lisboa no meu amor, deitada/ Cidade por minhas mãos despida/ Lisboa menina e moça, amada/ Cidade mulher da minha vida
Como prometido, aquí tenéis una novedad cool de Lisboa… Por debajo de un arco, en un callejón que termina en un balcón con vista al río, al castillo y a la Avenida, está Cool de Sac. Al contrario de lo que su nombre pueda sugerir (cool de sac es un juego de palabras que se inspira en la expresión francesa cul de sac), y aunque esté situada literalmente en un rincón sin salida, esta tienda es un comienzo.
Ya decía la canción de Katie Melua. “En una isla desierta, estas son las cosas que yo guardaría”. Mi colección de juguetes.
Las vueltas a casa son siempre nostálgicas y este año me ha dado para sacar del baúl a mis juguetes y libros de la infancia. Así surgió este post, en parte también inspirado por un artículo que El País publicó ayer sobre helados ochenteros.
La verdad es que hace unos cuantos meses ya añoraba hojear los libros que han marcado mis primeros años, que me han ayudado a definir como persona y, desde luego, a entender qué era estilo. De entre ellos, ningunos me han marcado más como los libros de Anita.
En Portugal llamamos de Anita al personaje de cuentos infantiles creado en 1954 por el ilustrador belga Marcel Marlier. Su nombre original es Martine y en España, por ejemplo, se conoce como Martita. En EEUU es Debbie, en Suecia es Mimmi, en Italia es Cristina… Pero es igual el nombre que le demos, lo importante es que esta niña de cinco años, su hermano y su perrito son parte de mi vida.
Aquí el primer libro se publicó en 1965, Anita ama de casa, y yo lo tenía. Y este es exactamente el detalle más curioso sobre mi colección de historias de Anita. Anita ama de casa, a semejanza de todos los demás títulos, no vino a parar a mis manos porque yo lo haya buscado o porque yo haya ido detrás de él durante años, mirando en ferias de antigüedades, tiendas de coleccionistas u online. ¡Mi Anita ama de casa, antes de ser mío, fue de mi madre! Supongo que el truco para agradar a tantas generaciones de mujeres está en la simplicidad de los textos de Gilbert Delahaye y en la falta de malicia. Mi madre sabía que leerlos no me haría cualquier daño, todo lo contrario. El respecto por su familia, el amor por los animales, la curiosidad de niña lista, el sentido de la responsabilidad son algunos de los valores que nos cuentan sus libros y que actualmente, a menudo, echo a faltar. ¡En la literatura y no sólo!
Pero el mérito más grande es sin duda de las ilustraciones, que a partir de la muerte del creador de Anita en 1997 han pasado a ser imaginadas por su hijo, Jean-Louis Marlier. Con sus dibujos uno y otro han logrado transportarnos a mundos de fantasía. Todas queríamos ser Anita. Bueno, ¡yo al menos! Me recuerdo que me encantaban títulos como Anita en las clases de ballet, porque esta era una actividad que siempre soñara hacer pero que mi madre nunca me dejo porque decía que yo era muy gordita. Supongo que tenía miedo de la crueldad de las demás niñas, con cuerpos más delgados que iban creciendo modelados por la danza. Pero las clases de ballet son algo que me falta hasta hoy. Y Anita las hacía.
Tampoco olvido a Anita y el pajarito. En el libro ella cuida a un pajarito pequeño, lo alimenta, lo ayuda a aprender a volar y al final lo liberta. En el patio de mi casa de vacaciones siempre encontrábamos pajaritos bebés que habían caído de sus nidos y que se veían tan indefensos. Pero o mí, al contrario de lo que pasaba con Anita, no me inspiraban ninguna compasión. Me daban miedo. No sabía que hacer con ellos, aunque me hubiera gustado ser tan altruista como Anita y haber tenido el valor de ayudarles a vivir.
Pero lo mejor de todo, y lo que me fascinó estos días cuando recuperé mis libros y me puse a hojearlos, son las ropas de Anita. Como en la foto de arriba, su vestido de cuadros Vichy, sus pendientes de cereza, sus bailarinas y su cestita de mimbre son algo que no pasa de moda y que hasta hoy sigue inspirando a estilistas y blogueuses.