miércoles, 14 de abril de 2010

manualidades

¿Quién no hizo collares de pasta pintada cuando en el colegio? ¿Por qué no revivir nuestra infancia? El otro día tuve esta idea y pensé que por más non sense que pueda parecer ahora, no deja de ser una afirmación de personalidad salir a la calle con un collar de niña pequeña. Seguro que pronto pronto la moda pegaría…

La última vez que fui a Kookaï entré en el probador y allí estaba él, el collar medio étnico medio infantil, compuesto por pequeños tubitos de metal pintados de colores. Alguien se lo había olvidado allí, o las dependientas lo habían dejado a posta para que las clientas se lo probaron (un poco como los chicles al lado de la caja del supermercado). Y la verdad es que conmigo, siempre tan permeable a este tipo de técnicas, surtió efecto. Me lo probé y me quede encantada. ¿Cómo que un accesorio tan simples, tan fácil de hacer, puede llamar tanto la atención?

Así surgió la idea de empezar a hacer collares de pasta. Pero no los típicos collares con las pastitas todas enfiladas en el hilo una después de la otra. No; sino algo que tenga un aire étnico, a semejanza del collar de Kookaï. Que en el medio de las pastitas coloridas enfiladas tiene, a la altura del escote, tubitos de pasta de diferentes tamaños depuestos horizontalmente.

Otra cosa que este año podemos recuperar de nuestra infancia son las labores. ¿Será que podemos acordarnos de lo que nos enseñaron nuestras abuelas en lo que se refiere a crochet, tricot, punto de cruz, medio punto, etc.? Yo, por las dudas, este año en navidades cuando estuve “en casa” hice un intensivo. Y, ni de casualidad, Chanel dicta que para este Verano llenemos nuestros armarios de prendas y accesorios en crochet. Es muy fácil. Y con apenas dos agujas, una lana, algo de imaginación y un poco de talento podemos hacer una infinidad de cosas. 

La ventaja más grande es que nos sale todo mucho más barato. Y que nadie tendrá nada igual. 


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