viernes, 16 de abril de 2010

pisando fuerte

En las tardes, como las de hoy, en las que hace un solecito tan bueno casi nos olvidamos de que abril es un mes en el que todavía llueve.

De hecho ahora, volviendo a casa del trabajo, he visto a una señora que parecía haberse olvidado de esto y que se paseaba alegremente con sus sandalias de tiras. Está bien que las sandalias eran un poco el toque final que su look exigía, un vestido berenjena de fiesta bajo una chaqueta negra con un corte de “sobre” que cerraba a un lado con un lazo. Las sandalias y su mini bolsito del mismo tono que el vestido que estaba colgado de su hombro por una cadena dorada… ¡Pero no es necesario pasarse tanto!

Quizás esta fue la forma encontrada por aquella señora de atraer al sol, que tema en no llegar, pero por mejor vestida y maquillada que fuera le mirabas a los pies y no podías evitar revirar los ojos.

Una buena manera de enfrentar estas temperaturas (y manifestaciones de la naturaleza dudosas) es adherir a la moda de los zuecos.

El calzado de madera típico del campo, por ser tan fuerte e impermeable a la suciedad que provoca el trabajo en las plantaciones, este año invade las ciudades. Y no sólo Chanel, en su desfile de la granja, puso de nuevo de moda a los zuecos. A par de Karl Lagerfeld también Marc Jacobs, diseñador de Louis Vuitton, lo hizo. En la presentación de su colección Primavera/Verano, a parte de influencias africanas, futuristas y deportivas, también hemos visto a muchos zuecos. Pero esta vez no campestres y bucólicos como las propuestas de Chanel, sino más étnicos. Con pequeños pedazos de madera, penas, lana y aplicaciones en metal incrustadas.

Todo un detalle original que no hace más que decir, para las que sepan leer en las entrelíneas: “los zuecos están de vuelta”.

Digo, están de vuelta, porque como casi todo en la moda los zuecos también ya han sido utilizados por nuestras madres y abuelas. Yo me acuerdo de mi abuela desde siempre con unos calzados. Dos de mis tíos viven hace muchos años en Alemania y en una época en la que en Portugal aún nadie llevaba zuecos ya mi abuela traía a los suyo de allí, cuando iba a visitar a sus hermanos.

Los zuecos de aquel entonces en nada se asemejan a los actuales. Eran sosos y más bien feos, casi como el calzado ortopédico. Los que este año se reinventan son, en unas y otras colecciones, modernos y llenos de detalles preciosos. 


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