domingo, 28 de marzo de 2010

peso sobre los hombros

Habitualmente sinónimo de carga o de responsabilidad difícil de soportar, esta expresión adquiere un nuevo significado este año. Esta Primavera/Verano un peso sobre los hombros es algo que todas queremos llevar. 

Las hombreras han suscitado diferentes reacciones durante las últimas décadas. Al inicio de la década de 80, cuando un grupo de diseñadores americanos intentó introducir este accesorio de moda que hacía que los hombros de las mujeres se parecieran a los de los jugadores de rugby, la reacción general fue reírse de ellos. Lo que proponían era engrandecer los hombros femeninos a un nivel nunca antes visto, sin embargo han visto que con las hombreras también se conseguía ocultar determinadas imperfecciones de postura y suavizar la estructura ósea de la línea del cuello y el efecto gustó.

Mientras la mayoría de las mujeres seguía creyendo que ponerse hombreras era como firmar una carta de suicidio de estilo, las fashionistas de la época decidieron arriesgar y empezaron a pegar con velcro a sus camisas, americanas y jerseys estos pequeños cojines en forma de media luna.

Este tipo de soportes para hombros han podido verse claramente durante toda la década.  Pero, aunque entre 1991 y 1993 todavía se encontraban algunos ejemplares de hombreras grandes, en los años siguientes han prácticamente desaparecido de los armarios de las mujeres. Sin embargo, no creo que estas las hayan tirado. Las habrán guardado en alguna caja en el fondo de sus armarios para ahora sacarlas a lucir.

En 2009 las hombreras han vuelto. ¡Y cómo han vuelto! Enormes y en todo tipo de prendas. No apenas en las americanas de las ejecutivas o demás mujeres de poder, donde nunca han dejado de estar presentes al cien por cien. Pero en 2010 las hombreras salen de su escondite por debajo de la ropa y brillan desde afuera, literalmente.

En las colecciones Primavera/Verano 2010 de Givency, Elie Saab, Balmain (en la foto), Dsquared² o de la española Alma Aguilar las hombreras aparecen más pesadas que nunca, decoradas con todo tipo de cristales, piedras, pieles y tules. Propuestas exquisitas, que denotan un grande y complejo trabajo manual y que dan a las prendas un aire de traje guerrero moderno.

Esta fue quizás la manera encontrada por los diseñadores de coger una referencia del pasado y de adaptarla al presente, a las actuales exigencias y gustos.  Las hombreras de los 80, tal cual eran utilizadas, no harían cualquier sentido en el siglo XXI. Como explicó en 1937 James Laver, un respectado historiador de moda, todo en este mundo es cíclico. Sin embargo, cada ciclo tiene una duración que debe ser respectada. 

Laver estableció limites para cada periodo y creó una tabla que nos ayuda a saber cuando determinada prenda puede ser revivida y volver con clase. Según él, si utilizamos la prenda X diez años antes de que vuelva a estar de moda conseguimos un estilo que podrá ser definido como indecente. Cinco años antes, vergonzoso. Un año antes, osado. En el momento ideal, inteligente. Un año después, sin gracia. Diez años después, horroroso. 20 años después, ridículo. 30 años después, divertido. 50 años después, pintoresco. 70 años después, encantador. 100 años después, romántico y 150 años después, bello. 

En lo que respecta a las hombreras de los 80, al revivirlas ahora estaríamos incurriendo en el pecado mortal de la moda correspondiente al período de los 30 años después. O sea, lograríamos como mínimo divertir a las generaciones futuras cuando estas miren hacia atrás y analicen nuestro estilo. Esto si no fuera los principales diseñadores haber sacado este truco de la manga y haber hecho de la vuelta de las hombreras algo romántico y bello.

De esta manera han logrado que este año no apenas las nostálgicas de los 80 quieran llevar tremenda carga sobre los hombros. Nosotras también.


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