lunes, 22 de marzo de 2010

banda sonora original

Si hay algo que desde hace dos años, año y medio, viene ganando protagonismo como accesorio de moda, ese algo son los cascos. No los cascos de moto, aunque esos también digan mucho de nosotras mientras van tan callados colgados de los brazos… me refiero a los otros, a los cascos de música.

Me acuerdo de un anuncio de SONY de los años 90, donde podíamos ver a un joven caminando bajo la lluvia pero que, como iba con los cascos puestos escuchando el sonido que producía su Walkman, no se mojaba. Era como si por encima suyo hubiera constantemente un trozo de cielo azul y de sol que mantenía apartadas a las nubes oscuras. El eslogan decía algo como: nada más importa.

Algo semejante a esto es lo que siempre siento cuando salgo a pasear por la ciudad con mis cascos retro puestos. Hay muchos tipos de cascos pero, de todos ellos, los cascos de cabeza son los que tienen más calidad y potencia. El sonido que producen nos envuelve, nos aísla de los demás y nos ayuda a crear un mundo sólo nuestro, con banda sonora incluida.

Y, este fin de semana, he comprobado que no soy la única que piensa así. Por las calles de Barcelona se puede ver a todo tipo de gente enfundada en sus cascos. Chicos con zapatillas gordas y de colorines, que pasean su urban style Paseo de Gracia arriba y abajo. Chicas con manoletinas que van entrando puerta sí puerta sí, sin ni siquiera quitarse los cascos, dejando que la música de su mundo privado se sobreponga a la música de las tiendas.

Los diseñadores ya hacen eco de esta tendencia social y transportan a los maxi-cascos desde el cuotidiano de las calles hasta las principales semanas de moda, como hicieron Dsquared² en su penúltima colección. En este desfile los hermanos Caten llenaron la pasarela con íconos de la cultura pop. Cigarrillos, iPods, iPhones, revistas que se aguantaban bajo los brazos, periódicos que se dejaban ver semi-saliendo de los bolsos y decenas de Frappuccinos y Caffee Lattes de Starbucks compartieron protagonismo con los cascos en la presentación de la colección Otoño/Invierno 2009 de la marca. Una buena idea que, sin embargo, se tradujo en un espectáculo demasiado cargado de iconografía urbana y publicidad, casi como si de una de esas películas saturadas de product placement, donde uno no logra abstraerse y concentrarse en las escenas, se tratara. Sin embargo, quedó claro el guiño a los maxi-cascos de toda la vida e implícita la sugerencia de que hay que sacarlos del armario de casa de nuestros padres donde llevan años “guardados”.

Los olvidados cascos de cabeza están claramente de vuelta para apartar las nubes oscuras de encima nuestro y para llenar las ciudades de color. Vienen más chillones que nunca, para hacerse escuchar (porque cuanto más potentes son más sonido dejan escapar) y ver.

Swarosvki tiene la propuesta más arrojada de todas. Los DJ Headphones son todo un lujo de cascos, están compuestos por miles de mini cristales rosas y valen 1.670 euros. Un accesorio esencial para las que creen que “Fashion Rocks”.

Las marcas de tecnología de sonido y de ropa/accesorios de deporte también tienen algo que decir, pero sus propuestas son algo más económicas para que apenas tengamos dificultad a la hora de elegir el color y diseño que más nos guste. Después sólo hay que salir por ahí y llenar los días con una banda sonora muy original.


BE STUPID

Otra forma de traer algo de música para nuestros paseos fue la encontrada por Diesel este domingo. Un flashmob que esperaba llenar la Rambla de Canaletes de música pero que lo único que logró fue crear un atasco inesperado para los (im)pacientes conductores domingueros.

Este "viral" que pretendía contagiar a quién pasaba y a quién había ido hasta ahí, incluso bajo la lluvia, en la esperanza de hacer parte de algo un poco parecido a la acción que protagonizaron Oprah Winfrey y los BEP el año pasado en Chicago (Ver video), no funcionó.

La idea de los marketers de la marca italiana era buena. De hecho, es lo que se está haciendo por todas partes, no hace falta serse muy inteligente para copiarlo. Pero la organización fue pésima. Falta de permisos y falta de noción de cómo hay que montar una cosa así pusieron en evidencia la estupidez por detrás de una acción que hubiera podido ser grande y muy hablada en los medios de comunicación. Pero como dice una de sus publicidades recientes, será que “Smart critiques. Stupid creates”.


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